Dejar hacer, dejar pasar
Así los funcionarios de turno o los más reconocidos ambientalistas adviertan sobre el recrudecimiento del verano y de los bajos niveles de los caudales de los afluentes, ellos nunca dejarán de fluir. El sol podrá ser inclemente y, por supuesto, podrá secar hasta la última gota de los riachuelos; sin embargo, todos ellos seguirán sus cursos naturales. Tanto que hasta el más escéptico terminará confiando en sus aguas.